Consumidores fidelizados, les llaman. Y tienen razón, fieles o adictos son el paraíso de cualquier empresa.

Robots de consumo programados para un gasto mínimo, altísimo en todo caso, a cambio de un producto etéreo y evanescente que lo mismo sirve para cuatro que para cuarenta. El acceso a la red y a las telecomunicaciones  convertido en el negocio del milenio. No ya los contenidos, el simple acceso a lo público que es de todos, a la Red.

Cuarenta millones de ciudadanos,  cuarenta millones de contratos, cuarenta millones de pagos todos los meses con cifras escalofriantes. Miles de millones de euros cambian de mano al ritmo de money

Tan fastuoso es el negocio que las diversas compañías, dado que el nº de clientes ya es el de ciudadanos y captar nuevos es físicamente imposible, han inventado  una nueva palabra que define su filosofía, “la portabilidad”, es dedir, quitar el cliente a otras compañías. Como incentivos, PDAs, ordenadores fijos o portátiles, te “regalan” lo que sea con tal de que firmes un contrato con ellos con el que pagarás el precio de ese portátil y de media docena más.

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