Estoy de un vago total, lo reconozco.  Los calores estivales acompañan la flojera, el ambiente vacacional y festero lo condimentan, y el dolor de pies que sigue dale que te pego hacen el resto.

Hoy como excepción me he acercado al hospi, a por pastillamen antimicótico, y luego me he ido hasta el otro hospital, Cruces, a ver a un amiguete motero del pueblo que se cayó hace un mes y se hizo cisco un pie. Se le quedó enganchado debajo de la moto y fue dando vueltas con ella. Iba con chanquletas.  Por poco le cortan el pie.

He llegado para ver la cama vacía y enterarme por el compañero de habitación que ayer le dieron el alta,  viaje en balde pero contento, si le han dado la patada es que va todo bien.

Pero lo normal es dar paseitos por el pueblo o hasta la playa, despacito en plan choper, a 1500 revoluciones, disfrutando de la movilidad de mi silla de dos ruedas.

Duermo el doble que antes y le he cogido un gusto a la cama que antes no tenía, a las mañanas se me pegan las sábanas después de diez horas de sueño y sigo sobando como una marmota. Quien me lo hubiera dicho hace pocos años.

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