En 1989 el ayatolá Jomeini nos dejó sobrecogidos con su fatwa de muerte contra Salman Rushdie por la publicación de Versos Satánicos. Mataron el editor japones de los Versos, mientras Rushdie se escondía para no ser asesinado.

Desde entonces se ha convertido en una práctica habitual las amenazas y la violencia de los fanáticos religiosos,  son ya muchos los muertos.

Ante eso cada vez mas voces insisten en la no provocación y en la autocensura, alegando evitar las consecuencias. Algo razonable pero que nos priva de un derecho fundamental, quizás el que mas claramente define el progreso y la civilización, el derecho a la libertad de expresión. Renegar de el es renegar nuestra esencia de respeto por las personas, los derechos humanos. Sólo por ello cabe oponerse.

Y luego está la estrategia, ¿resultará útil la táctica de apaciguamiento y no provocación o será mas conveniente mostrarse firmes y seguir denunciando a quienes pisotean a las personas y  se pasan por el forro sus derechos?

La historia enseña que ante los fanáticos el camino del apaciguamiento y la cesión tiende a ser suicida. Hitler, Chamberlain y todo aquello.

Y es  posible que si hay países dominados por la cultura de la Sharía que no quieran saber nada de nosotros sea mas realista reducir las relaciones todo lo que ellos quieran que dejar que nos impongan sus exigencias y nos conviertan en dhimmis .

Quizás los que tendríamos que exigir mas somos nosotros.

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Una estúpida película desencadena la rabia de los integristas.

-Mostradnos una película inteligente y desencadenaremos la tercera guerra mundial!

Las caricaturas de Charlie Hebdo (clicar aquí –>)

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