Estoy asistiendo desde hace unos meses al triste espectáculo de otra empresa que cierra, en este caso el supermercado del barrio al que me gusta ir. Es mas personal que un gran supermercado, lo tengo mas cerca y cuando se me ha olvidado coger la cartera no hay apuro,  me conocen no tengo caras raras. Me lo apunta como se hacía antes y listo.

Es una empresa familiar, que durante 50 años ha mantenido la plantilla y jamás ha habido una huelga. Veintitantos empleados entre las tres tiendas que tienen. Todo un emblema en el pueblo.

Antes de empezar la crisis ya andaban un poco desfasados a cuenta de los nuevos eroskis y demás. Encima su proveedor cerró  y se quedó sin un suministro competitivo, por lo que la situación empeoró inexorablemente, sin ayudar nada la crisis galopante.

El caso es que buscando desesperadamente un suministrador lo encontraron, pero para asociarse con ellos exigía una renovación de las tiendas, cámaras nuevas y cosas así. Un pastón. Y claro, la colaboración del personal, que iba a seguir en sus puestos.

La familia propietaria convocó a los empleados, les explicó la situación y les pidió una rebaja del sueldo durante dos años y revisarlo luego, un 33% inicialmente. O arrimaban el hombro todos, o aquellos e hundía sin alternativa.

Los empleados que nunca habían hecho una huelga (contra la empresa por supuesto, cuando los patriotass vascos decretan huelga política no hay prácticamente nadie que tenga el valor de oponerse) acudieron a los sindicatos, y estos les recomendaron pelear en bloque sin fisuras y exigir sus “derechos”. Solo uno se acogió a la oferta de la empresa, cobró sus indemnizaciones y se fue a casa con su jubilación anticipada

La empresa bajó al 20%, la petición de bajada de sueldos, y llegó la campaña de navidad, en la que se quería estrenar la nueva asociación y comenzar a remodelar las tiendas.

Los empleados fueron a la huelga (menos tres) y boicotearon a la empresa, llegando a abuchear a los clientes al ir a hacer la compra. Ese día supe que aquello no tenía marcha atrás.

Cuando intenté razonar con algún conocido implicado en el ajo  fue imposible. Al razonamiento simple y elemental de que o todos colaboran o se quedan sin empresa, respuestas esquivas primero (es que la culpa es del gestor) y directamente delirantes al forzar una respuesta efectiva (que vendan su patrimonio los dueños para pagar las facturas).  Y ya llegando a los gritos y al mal rollo. Imposible el diálogo. Puedo imaginar las esquizofrénicas reuniones que se han mantenido entre trabajadores y dueños.

El caso es que poco a poco el super se queda sin género, al fallar los pagos los proveedores  dejan de traerlo. Me entero de que hace tiempo que hay facturas que se han pagado no por la empresa, que no puede, si no en plan particular y de su pecunio por algunos de los dueños, para evitar lo inevitable.

Ayer me dijeron que han entrado en suspensión de pagos, quebrados oficialmente.

De tal manera que no es que se pierdan los 24 puestos de trabajo, es que además no van a poder cobrar ni sus compensaciones, que han sido el origen y la causa de la postura “en bloque” contraria a un arreglo pactado y de mínimos máximos.

Ese bloque comandado por los sindicatos del que tanto presumían los huelguistas, en el que se impuso el parecer de los mas veteranos, que no admitían que les bajasen las bases de cotización y ver reducidas algo las pensiones al jubilarse.

O sea, se impuso el interés de quienes ya han acabado casi su vida laboral sobre el de gente mas joven a los que les quedan por delante muchos años de trabajo. Ahora les van a quedar años de paro.

Que tu sueldo baje en este contexto de crisis es malo, muy malo. Lo se por experiencia, el sueldo de mi mujer lleva dos años mermado 200 euros, y con la mitad de pagas extras. Y claro que se nota.

Que te quedes sin trabajo, sin duda es muchísimo peor. Sin embargo, esa ha sido la opción mayoritaria.

Yo lo siento y mucho por los pocos que eligieron la opción menos mala, menos sueldo, no han podido conseguirlo por la postura de los que han preferido no tener ninguno.
Por estos no tendría que sentirlo, al fin y al cabo se han salido con la suya,con su actitud han cerrado la empresa. Aunque claro que lo siento, siento su cerrazón impermeable a la sensatez, y siento que por ella se queden si trabajo.
Se que alguno empieza a darse cuenta de la metedura de pata que han hecho, pero estas cosas no suelen tener vuelta atrás.

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