Todos hemos oído muchas veces aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y siempre lo situamos en un contexto de viejos abueletes idealizando sus tiempos jóvenes y sus “batallitas”.
Normalmente no se les hace ni caso y se suele asumir en cambio que cualquier tiempo pasado fue peor y siempre vamos a mejor, hasta nuestros mas media no se cansan de cantarnos las excelencias de “los jóvenes mejor preparados de la historia” o los avances en igualdad, o por supuesto las mejoras en calidad de vida.
En realidad en esta vida pocas veces las cosas son blancas o negras, y los absolutos escasean como el sentido común en las personas. En muchas cosas se va a mejor pero en otras se va a peor, y no se me escandalicen por escuchar algo tan obvio.

Hace ya varias décadas ocurrió una reversión en las cifras que supuso un antes y un después pero a nadie pareció llamar la atención. Me refiero a que en las manifestaciones/algaradas callejeras se pasó de una mayoría de heridos entre los manifestantes (lógica)a una clara mayoría de heridos entre los policías, y ahí se ha estancado la estadística.
Teniendo en cuenta que los policías van blindados y preparados para estas situaciones a mi me llama y mucho la atención que como en estos días pasados de “celebraciones” del 1 de octubre en Yupiluña se asedien comisarías como si se fuese a una romería, haya mas de treinta policías heridos (hasta con barras de hierro y con los agresores en la calle tras ser detenidos brevemente) y prácticamente ningún “manifestante” se lleve un buen porrazo que le salte los dientes. Me parece un horror vamos, y un símbolo fehaciente de hacia donde caminamos.
No son solo los policías los que hoy en día son agredibles gratuitamente, lo son los profesores, los jueces, los árbitros, y en general cualquier figura otrora con autoridad y prestigio, y hoy convertidos en muñecos de pim pam pum. Los ejemplos son diarios y constantes.

Así lo que antes era cuestión de buenos y malos,víctimas y agresores, asesinados y asesinos, gente normal y sociópatas, hoy en día es en cambio cuestión de mágicas equidistancias y etéreas culpabilidades, generalmente compartidas en sociedad. O sea no hay asesinos, hay circunstancias que por lo visto obligan a que los malos no es que sean malos, si no que se vean obligados al delito. La culpa es de la sociedasd, del capitalismo o del malvado hetero patriarcado. Nunca del o de la bestia que agrede.
Estamos en la pçerdida mas absoluta del sentido de las palabras y el lenguaje. Como sin ir mas lejos la de “democratizar las cajas de ahorro” que llevó al latrocinio mas generalizado por parte de partidos y sindicatos tapándose unos a otros sus robos.

Presiento que mientras las cosas sigan en esta dirección y tenga mas prestigio social ser un bestia antisistema que un policía o un maestro vamos fatal, y esta dinámica de absurdos derechos y falta de obligaciones va a cobrar amarga facturas.