Tenemos ya la última entrega, la quinta, de los artículos de Luis I. Gómez analizando la agenda 2030.

Trata sobre la energía, eso que hace que nuestra sociedad funcione, sin energía no somos nada. Y de como los mesiánicos planteamientos sobre ella, sin duda el bien mas importante de la civilización, pueden hacer que retrocedamos en vez de avanzar, que es lo que hemos hecho hasta ahora, sin agendas 2030. El gran desarrollo a mejor que la raza humana ha tenido en los dos últimos siglos sin duda han sido posibles por el acceso a distintas formas de energía baratas y accesibles.

O, en palabras de Luis; (Como es largo con los comentarios pongamos un poco de música)

La energía es la verdadera moneda universal; nada ocurre en nuestro planeta sin flujo, transformación o intercambio de energía. Transformación y flujos de energía que van desde las fuerzas que originan la tectónica de placas hasta los efectos erosivos acumulativos de las incontables gotas de lluvia. La vida en la Tierra depende de la transformación fotosintética de la energía solar en biomasa vegetal. Los seres humanos, en nuestro camino civilizatorio, hemos logrado aprovechar muchos más flujos de energía, que van desde los combustibles fósiles hasta la generación fotovoltaica de electricidad. Además, nuestra especie es la única capaz de utilizar sistemáticamente la energía disponible fuera de nuestro propio organismo, utilizando el poder de nuestro intelecto y una enorme variedad de artefactos, desde las herramientas más simples hasta los motores de combustión interna o los reactores nucleares. Este uso de la energía lo afecta todo: agricultura, industria, transporte, armas, comunicaciones, economía, urbanización, calidad de vida, salud, política, …

La Agenda 2030 nos embarca directamente en la gigantesca tarea de cambiar radicalmente nuestra forma de obtener energía. Se trata de alcanzar al mismo tiempo objetivos de sostenibilidad y “lucha” contra el cambio climático. Esto va a exigir un gigantesco esfuerzo porque el escenario medioambiental y económico del siglo XXI no se puede calificar de “todo va a ir bien”. Más bien, es de esperar que las condiciones de vida y de trabajo sean más difíciles que fáciles en este siglo. No en el sentido de una gran catástrofe, sino en el sentido de diversos períodos de escasez en determinadas zonas geográficas, daños materiales y dificultades de adaptación. Ciertas regiones individuales pueden sufrir grandes recesiones y devastación. Por lo tanto, sería un error negar el carácter disruptivo de los cambios en el clima en nombre de la ingenua fe en buen tiempo. Al mismo tiempo se debe establecer una prioridad completamente diferente a la globalista de lucha contra el Cambio Climático: cuando las condiciones se vuelven más difíciles, la productividad de nuestra civilización debe ser el centro de atención y debe ser defendida con todas nuestras fuerzas. Además, no podemos olvidar que la etiqueta “renovable” no es, en absoluto, sinónima de “sin impacto”. Todo lo que hacemos tiene un impacto medioambiental.

En los planes energéticos del Gobierno de España recogidos en el ODS 7, “Energía asequible y no contaminante”, echo de menos la racionalidad necesaria a la hora de abordar los problemas que en los próximos años deberemos enfrentar. Resulta muy llamativo que, ante la escalada de los precios de la electricidad a que asistimos en los últimos años, y en vista de que más del 50% del precio final de un recibo de la luz se dedique a “incentivar las energías renovables, cogeneración y otros impuestos”, no sea posible encontrar ni una sola medida para reducir esas partidas. Tampoco encuentro mención al desarrollo de las tecnologías necesarias para modernizar la red de distribución, o para mejorar en muchas órdenes de magnitud la capacidad de almacenaje de la energía generada mediante dispositivos eólicos o solares. Si el objetivo principal es el de reducir a la mínima expresión el uso de combustibles fósiles, ¿qué sistemas de almacenaje vamos a utilizar para conseguir “guardar” la energía suficiente que nos permita subir a la red +/- 700 GWh el día que no sople en viento y no haga sol? ¿Vamos a respaldar con gas? ¿A importar? Si la intención es abandonar en la medida de lo posible los combustibles fósiles, ¿cuál es esa medida? ¿Son los biocombustibles realmente una alternativa “no contaminante”? Ni una sola palabra que nos indique que tienen respuesta a estos problemas. Ni una sola palabra que nos indique que están “viendo” estos problemas.

No quiero imaginar un hospital sin luz. No puedo imaginar un mercado laboral creciente sin energía para abastecer la actividad industrial necesaria. Llegados a este punto, creo que sería muy útil para el gobierno volver a examinar las formas con las que ya se ha establecido y conservado la resistencia climática de la civilización. Se pueden distinguir entre (al menos) cuatro formas:

  1. Formas de defensa (diques, cortafuegos),
  2. Adaptación de productos y procesos de manufactura (cultivo arable, cuidado de los bosques, conversión de recursos para bienes industriales),
  3. Formas alternativas (inundación llanuras, reubicación de áreas de asentamiento) y finalmente
  4. Probablemente la forma más importante: aumentar el umbral de tolerancia, es decir, aceptar condiciones más duras y mayores cargas y sacrificios personales.

Toda civilización se construye siempre sobre la base de un “sin embargo”, se vive y se trabaja a la sombra de los peligros (que de hecho ocurren y causan víctimas). Y la experiencia nos dice que los costos de evitar cualquier peligro son siempre mucho más altos que los costos de adaptarse a ellos.

Si nos fijamos en estas cuatro estrategias sobre las que las civilizaciones han fundamentado hasta ahora su resistencia climática, queda claro que la idea de que una civilización consistiría simplemente en “robo», «ocupación» o «instrumentalización» de la naturaleza, es una teoría profundamente errónea y no acorde con la realidad. También queda claro que estas estrategias son de aplicación global limitada, pero que sí se adaptan a las condiciones particulares de un lugar, un país, una región determinada del planeta. Es por eso por lo que todo esfuerzo adaptativo regional puede y debe continuar y fortalecerse, más allá y con más urgencia que cualquier plan global de rescate climático.

Esta Agenda 2030 debería dejarnos a todos con muy mal sabor de boca. Tal y como les he ido mostrando en éste y los cuatro capítulos anteriores de esta serie, son más las dudas y preguntas que las respuestas. Abusa de la emoción a costa de la razón. Ofrece muchas más buenas intenciones que medidas político-económicas de verdadero calado, implementables, financiables y, en definitiva, realmente sostenibles.

En este contexto, deben plantearse varias preguntas: ¿Los medios persiguen fines legítimos, invaden posiciones legales protegidas? ¿Son las medidas adecuadas en sí mismas? ¿Son las medidas necesarias y adecuadas? ¿Son las medidas proporcionadas después de sopesar todas las ventajas y desventajas?

¿Se trata de un plan para salvarnos a nosotros y al planeta? ¿O estamos simplemente ante un plan para someter nuestras voluntades a la idea salvífica de una élite tecnocrática? Juzguen ustedes.

Tan solo añadir que hasta el presente, los intentos de “crear mejores sociedades” a cargo de ingenieros sociales siempre han derivado en fracasos estrepitosos.

Este no tiene mejor pinta. Una mezcla muy extraña de neomarxismo, neoliberalismo y neodictadura.

Con lo bien que nos va dejando a la sociedad que sea ella misma la que se autoregule y vaya creando las soluciones a los problemas, una vez establecidas unas reglas de juego a las que deberíamos procurar ir adaptándonos todos. Que es en lo que deberíamos estar. En extender nuestros valores, como el feminismo de la igualdad de sexos o los derechos humanos que ya impregnan nuestro mundo occidental al resto del mundo que aun no los comparte. Los experimentos, con gaseosa.

Y ahora, tres buenos comentarios a esta entrada que merecen la pena y otro poco de musica;

Catlo 

Esta magnífica serie de artículos sobre las graves deficiencias científicas y técnicas de la agenda 2030, nos deja la pelota en el terreno de la ideología y la política. Las normas y legislaciones con la excusa de salvar a la humanidad seguramente generarán múltiples y severos perjucios a la humanidad. Pero esta dinámica ha venido para quedarse, que los que gestionan el poder anuncien lo contrario de lo que van a hacer: perjudicar a los humanos y, por supuesto, alterar los procesos de la naturaleza terrestre -Gates ya anuncia que quiere tapar el Sol para bajar la temperatura-.

En lo ideológico se trata de que la gente vaya asumiendo que los poderosos son algunos hombres que se han elegido a sí mismos como salvadores de una humanidad que necesita ser sometida globalmente para salvarla de sí misma. Estas operaciones ideológicas cuentan con narrativas débiles por lo cual su potencia para ir configurando una religión es escasa. Lo que sucede es que desde el S. XIX se vienen revitalizando los mitos precristianos del neolítico, mitos poblados de diosas como expresión multiforme de la Diosa Madre Tierra. Por eso feminismo, anticristianismo y ecologismo van tan estrechamente unidos. Los poderosos se hacen pasar por sacerdotes de la Diosa en su aspecto más sanguinario.

En lo político se trata de un operación de sometimiento en la cual la efectividad de las leyes se mide en términos de reducción de la libertad individual y de extension del control con medios digitales y de telecomunicación, lo que exigirá un despliegue de las TIC en el que los GAFAT ya se han colocado en vanguardia, copiando al Partido Comunista Chino, por cierto. Por tanto lo que se ha puesto en marcha, tras Trump, es una vía hacia el totalitarismo global con fecha: 2030.

Argantonio rey de Tartessos 

Sr. Gómez ya le echaba de menos. Comparto su opinión sobre el tema de la energía y de los objetivos de la agenda 2030, pero creo quede ha quedado corto en su análisis, quizás por prudencia. Le entiendo perfectamente, pero como yo no estoy sujeto a dicha virtud voy a exponer de forma desnuda lo que pienso.

El problema de la energía es que no hay más cera que la que arde y que los principios de la termodinámica son una barrera infranqueable. Los mundos de yupi del globalismo son una patraña para gente flowerpower y crédula.

La élite globalista sabe que que viene un futuro donde la energía será escasa y cara. Es imposible eliminar las fósiles sin un descenso brutal de la energía disponible per cápita. La electrificación total del transporte, de la maquinaria pesada, de la agricultura es imposible. No hay litio en el planeta para eso ni fuentes de energía primaria que cubran esa demanda en forma de electricidad, aparte de la necesidad de unas infraestructuras de generación y transporte que no existen.

Sencillamente, quieren la energía disponible para ellos, para su disfrute y mantener sus privilegios, su vida fastuosa y su control de la sociedad. Por eso, el objetivo es un mundo con mucha menos movilidad para los de abajo (de ahí la destrucción del turismo, especialmente del turismo de masas). De ahí la destrucción de la clase media, con la creación de una gran clase dependiente y subvencionada, cuyo entretenimiento sea básicamente el derivado de las TICs (tecnologías de la imagen y la comunicación) a través de dispositivos móviles (que lo son también de control). De ahí la demonización del vehículo privado, símbolo de libertad y de esa clase media a destruir.

La clase media les sale muy cara a estos señores que mandan y prefieren una gran clase pobre subvencionada (más barata y controlable, por dependiente). De ahí el Tratado de Marrakech para meter inmigrantes musulmanes y africanos en Europa como si no hubiera un mañana. Y la próxima vacuna obligatoria (o al menos en su intención, otra cosa es que lo consigan) para que la población se someta a sus designios. Vamos camino del Tercer Mundo a toda velocidad, eso sí con móviles y subvencionados para que la gente tenga algo que perder. Y con propaganda en vena.

Todas estas medidas son aplaudidas por el gobierno lacayo y cipayo de España y sus virreinatos autonómicos. Me da igual PSOE, PP, CIUDADANOS, PODEMOS, indepes. Son todos lo mismo. Solo VOX se aparta un poquito (pero muy poquito) del discurso imperante, pero están muy callados ante esta situación y apenas se les oye (más allá del boicot mediático, que también). Por eso me huelo que también pudieran ser disidencia controlada y todo una gigantesca escenificación.

Como dice Tamuda, Europa va directa al declive. Con un modelo de control al estilo chino. Unas sociedades atomizadas y racializadas, al estilo norteamericano, difícilmente pueden plantear una oposición a este tsunami de dominación y destrucción de todo lo anterior. Estamos ante un gran «reset» y la peña confía en que la vacuna hará que todo vuelva a ser como antes (lo que les venden por los medios de manipulación e intoxicación de masas). Cuando despierten del sueño será demasiado tarde, porque la Agenda 2030 cada día avanza más. Y sobre todos nosotros, mandando con un poder omnímodo, una superclase absolutamente cerrada, que tiene debajo a sus títeres en los gobiernos «nacionales», títeres a los que ha prometido una vida fastuosa y de privilegios, para ellos y sus hijos y nietos (o más generaciones). Eso sí, siempre que se ajusten al plan y obedezcan a sus amos. Y los antiguos estados-nación convertidos (ya lo son de hecho) en meras estructuras burocráticas para gestionar los designios de la superélite constituida por la plutocracia globalista.

Tamuda 

La agenda 2030, a la que se adscriben con ciego fanatismo gobiernos como el de España, incapaces de hacer frente a las realidades de la política, no es un error “científico” que se pueda tratar polémicamente en el marco de la ciencia. Es exclusivamente un error político, derivado de la necesidad que tiene toda política de justificarse en un bien supremo y sagrado; “Salvar a la humanidad” es su lema y propósito. La política siempre necesita y necesitará, un objetivo por encima de la intrascendente inmediatez, que logre unificar a los hombres bajo una determinada política, dotando de sentido transcendente al puro dominio burocrático, incapaz de generar sentido y de unir lo que naturalmente está disjunto.
Los autores de estas quimeras sobre el sentido, son las propias estructuras nacionales e internacionales de las burocracias, que alojan ejércitos de intelectuales-empleados, formados en las universidades públicas y su monopolio de la instrucción. Su función principal es escribir informes “técnicos” que crean el lenguaje de las administraciones de Occidente, inventando una ilusión de trascendencia desde supuestos nihilistas fundamentados en una redivinizada Naturaleza. Auténticos peluqueros de la peluca nihilista del poder contemporáneo en Occidente.
Los fautores son los políticos que instrumentalizan esas quimeras en función de sus propios cálculos sobre el poder.
En su conjunto, configuran una maquinaria extraordinaria que parasita a las poblaciones e intenta crear una percepción de la realidad basada en el miedo al futuro. ¡Salvar a la Humanidad! ¿Quién puede oponerse a eso?
Se ha dicho muchas veces que la política no tiene más remedio ni otra salida que imitar a la religión. En el fondo y la forma, todos los conceptos centrales del Estado y de la política, son conceptos teológicos desteologizados, o secularizados, como gusta decir el progresista. La “resacralización de lo político” será todo lo ateológica que se quiera, pero no deja de pretender ser una “teología política” vestida con traza de ciencia natural. El par religión-política no se cancela con la neutralización de las iglesias del proyecto liberal de confinar lo religioso en el ámbito de la conciencia individual. Ni tampoco con el proyecto de erradicación del ateísmo militante, cuya única salida es la construcción artificialista de una religión política. Desde la revolución francesa, pasando por la bolchevique y la nacionalsocialista, todos estos proyectos no han sido sino fracasos históricos de consecuencias devastadoras en términos de violencia política y miseria humana.
Estas ideaciones de sentido no prestan atención ninguna a los criterios racionales de organizar el mundo sin energías fósiles, propuesta como ideal imperativo de “la humanidad”. Su búsqueda es el sentido, producir una metafísica política. No se trata de negociar con las realidades. Esto lo subraya bien el autor del artículo. Tampoco se trata ya de una tecnocracia como las del S.XX, sobre las que se escribieron miles de libros tras la II GM. No es una tecnocracia de ingenieros dispuestos a ensanchar el poder del hombre mediante el empleo de la técnica y la ciencia doblegando a la Naturaleza hostil, ni la tecnocracia del management de las organizaciones en búsqueda de eficiencia, eficacia y reducción de costes. Lo que hoy tenemos colgando de nuestros bolsillos y patrimonios, es una tecnocracia de clérigos revolucionarios, dispuestos a arruinar a todo el que pillen, por un ideal de Mundo en cuyo orden de prelación se encuentra una Naturaleza divinizada, y en último lugar, un hombre despreciable que la ofende. ¿No es esto una imagen teológica invertida?
Si la preocupación sobre los gases invernadero fuera un asunto real y apocalíptico, ¿por qué no se recurre a la energía nuclear? Una energía natural y limpia, y desde luego, mucho más segura que otras formas de producción de energía.
El Instituto Paul Scherrer de Suiza realizó una estimación muy fundamentada y sólida de las diferentes fuentes de energía. Expresaron el peligro en términos de el número de muertes entre 1970 y 1992 por teravatio año (tw) de energía fabricado. Un teravatio año es un billón de vatios de electricidad fabricados y usados continuamente durante un año. Así vemos que el carbón produjo 6.400 muertes y que por tw producido fueron 342 los muertos. El gas natural 1.200 muertes y 85 por tw. La industria hidroeléctrica 4.000 muertes y 883 por tw producido. La nuclear, 31 muertes y 8 por tw.
Además de segura, la energía nuclear, tiene una ventaja incomparable, y es lo fácil que resulta controlar los residuos que genera. Si toda la energía que consumimos en la Tierra durante un año se produjera mediante reactores de fisión nuclear, los residuos se podrían almacenar en un cubo de 17 metros de lado, algo perfectamente gestionable.
El proyecto de sustituir las fuentes de energía actuales, es paralizante y destructor. Algo propio de locos y fanáticos. Llevaría a Europa a su declive histórico, porque se pretende realizar a costa de lo que sea con tal de salvar la política de un puñado de clérigos y burócratas. Oracularmente me parece una quimera fracasada de antemano y que en 2030 será motivo de escarnio, desbordada esa ilusión por realidades mucho más perentorias. Pero quién sabe, a veces los locos y los tontos se adueñan del mundo.

El futuro que nos están fabricando (I)

El futuro que nos están fabricando (II)

El futuro que nos están fabricando (III)

  1. Agenda 2030. ¿Camino de servidumbre? (I)
  2. Agenda 2030. ¿Camino de servidumbre? (II)
  3. Agenda 2030. ¿Camino de servidumbre? (III)
  4. Agenda 2030. ¿Camino de servidumbre? (IV)