Me llega el aviso de una nueva entrada/prólogo de otra aun por llegar, del blog Seminario de ideas políticas lopolítico, de Vicente Miró. En él tienen esta entrada al completo, yo aquí he puesto lo que creo es mas interesante pero he omitido las prolijas explicaciones sobre el origen del término “tribunal canguro”, Kangaroo court”

En el nos explica el porqué del nuevo acrónimo de los RINO (Republicans In Name Only, republicanos solo de nombre) que es DIABLA, (Democrat In All But Label o “demócrata en todo menos en la etiqueta”);

Como  RINO se queda corta en la repulsa que al pueblo le merece el vergonzante comportamiento de entreguismo de estos políticos falsos –con el que los españoles estamos muy familiarizados gracias a que el PP nos ilustra diariamente con un comportamiento similar–, se ha tenido que crear un nueva denominación para distinguir el más alto grado de felonía de la mera cobardía. Y así ha surgido el acrónimo DIABLA.

 DIABLA, pues, sería McConnell el jefe de la minoría republicana en el senado que lideró “el silencio de los corderos” republicanos previos al día 6 de enero. DIABLA sería también Romney, el mormón cegado por el odio desde que Trump le entrevistó y desechó como Secretario de Estado y así unos cuantos más…

Ah, pero la gran DIABLA en estos momentos, la DIABLA de moda modelo de DIABLAs es la señora Liz Cheney, hija del que fue Vicepresidente con Bush hijo Dick Cheney. El título lo tiene más que merecido al haber capitaneado la lista con otros nueve diablos2 en la votación en the House –la Cámara de Representantes– para que se admitiera el impeachment contra Trump.

Aunque claro, desde hace unos días más diablos aún, actuando otra vez en comandita y en número de siete, el número de la plenitud que en este caso es plenitud del mal como los siete espíritus inmundos que Cristo sacó del cuerpo de la Magdalena3, se disputan con la Cheney el dudoso honor de ostentar el título de gran DIABLA tras haber votado por la condena de Trump en este segundo impeachement.

Segundo impeachment que, como ya sucediera también en el primero, incluso la prensa de más rancio pedigrí mundialista como el WSJ en artículos como este que se puede hallar aquí, se ve obligada a denunciar su carácter de “caso canguro” (kangaroo case) y a tachar al Senado de “tribunal canguro” (kangaroo court).

Esto de aplicar a la justicia el apelativo canguro tiene su gracia, creo yo, pues supone un ejemplo muy ilustrativo de la extraordinaria expresividad del inglés. Se usa para referirse a la carencia de garantías en un proceso judicial donde no se sigue una trayectoria rectilínea sino que se dan saltos aquí y allá –como un canguro– para escoger las pruebas y argumentos que convengan a un fin preconcebido de antemano.

La poderosa imagen que evoca es muy típica de la manera en la que la lengua inglesa, sin duda alguna el mayor activo de la cultura anglosajona4, compacta los conceptos de tal forma que rebasa la función meramente denotativa para añadir siempre algún rico matiz explicativo.

Es decir, en su forma de componer nuevas expresiones, el inglés no se limita a cumplir una función simple de nombrar o designar sino que nos aclara algo de aquello que designa, empaquetándolo de una manera que es a la vez pregnante y elegante, esto es, de modo que no se olvida y agrada repetir: kangaroo court, kangaroo court.

Kangaroo court, desde luego: imagen redonda de cómo se llevó a cabo la malversación de la justicia el 6 de enero pasado cuando en el Senado de EEUU, que ese día actuaba de tribunal, se fueron escogiendo aquí y allá las normas y procedimientos a aplicar para que cuadrara un resultado –nunca mejor dicho–, perfectamente prejuzgado.

Kangaroo court también, cómo no, cuando hace unos días la Cámara de Representantes y el Senado de EEUU, la primera actuando de tribunal instructor y la segunda de tribunal sentenciador, tuvieron el cuajo de admitir a trámite un proceso –el impeachment– cuyo objeto es la destitución del cargo a un servidor público –Trump– que ya había sido destituido de ese mismo cargo.

¿Alguien da más? Y luego dicen que si la justicia española…

….

tal vez la expresión emane de la propia naturaleza del derecho inglés; del modo de abordar la justicia en estos países que, en efecto, es absolutamente distinta a como la abordamos aquí y en el resto de Occidente.

Si esto es así, estamos de muy grande enhorabuena porque entonces habríamos dado con una metáfora de incalculable valor para explicar a mucha gente de una manera relativamente sencilla en qué consisten dichas diferencias, cuál es la índole profunda del derecho anglosajón, cosa que en estos momentos es de un gran valor político ya que en realidad poquísima gente entiende –incluso en EEUU– porqué no se atendieron las demandas de unas irregularidades tan flagrantes.

Bueno, pues eso es. Exactamente eso es lo que yo voy a intentar hacer en mi próxima entrada.”