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DE LA UTILIDAD DE LO INÚTIL

Sánchez, en un ataque de mediocridad perfectamente descriptible, ha dejado extrañado al ridículo y el consejo de ministros, donde la inteligencia ondea a media asta, sufre una fuerte depreciación intelectual hasta quedar convertido en la bullabesa que era. Como ejemplo: en este Monte de Piedad tenemos como ministro de Cultura a un cursi; al ruiseñor de la tuna, al espontáneo del confeti.
Al bombero torero Ábalos, el del cuerpo pitagórico y carcajada contrahecha, lo manda al ostracismo prostático a eyacular cemento. El mismo camino que a Isabel Celáa, la esfinge gótica, a quien el cubismo debe un tratado. Nada ha envejecido tan deprisa como la perspectiva de su media sonrisa y su voz sincopada.
Salen también, Laya, el detente bala de la lujuria, la plasticidad del decorativismo policromado y la depreciación onírica rimbaudiana: «La belleza se sentó en mis rodillas y me cansé de ella» Hay todo un estremecimiento biológico en su estética naif.
La marcha de Calvo, nueva modelo de ropa interior; el éxtasis del modern style hace subir en Bolsa la cotización de Roca. Vuelve el folklore erótico al cuarto de baño donde la sensualidad de las puntillas de valenciennes revolucionará las sonrisas de los alcaldes. La lencería y la belleza crepuscular serán comestibles o no serán.
Iván Redondo, el embalsamador dadaísta de la escatología, la hiperestesia folicular y el cachirulo. parte también para el exilio. ¡ojo! Las grandes ligas se jugarán donde él esté. Oh, mon Dieu, retiens la nuit!

En Madrid, una vez que los franceses han vuelto a la baguette y a sus cosas chovinistas, huele a aburrimiento que es como huele el fascismo de paisano. Mientras el intelecto te pide la obra entera de Wittgenstein para domar el ocio, Dios creó a la mujer y la llamó Melora Hardin; y yo, entre sus ojos, estoy más perdido que una figurita de Lladró en la tesis doctoral de Pedro Sánchez.

Vuelven los viejos modos a la política donde cualquier psicopatía es una nueva forma de decencia. Sólo uso palabras que he vivido, musita un candidato, y el eco del viento le responde: Dacha, Galapagar, Vallecas, como si fuera el eje Berlín-Roma-Tokio. Vivir es defenderse, en palabras de un sátiro experto en hacer el cunnilingus a los isótopos. Un espermatozoide es un bandido en estado puro, decía Cioran. Galapagar, la nueva Devachan, aquel paraíso indio donde las almas pasan algunos siglos de deliciosa inactividad entre dos encarnaciones. Biometría del macizo de la raza: ver a Iglesias nos permite conocer cómo pudieron vencer la timidez los dinosaurios.

A la espera de la cuarta ola, en pleno período preelectoral matritense, colgados de la ruleta rusa del cinismo, la naturaleza humana, esa vieja psicópata, nos habla de las colas de candidatos anémicos ante las puertas del matadero de Madrid para beber sangre fresca, munición poética para alimentar el espíritu famélico de cualquier revolución. Los ladrillos te los envían por Amazon.

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2013

La primera señal de que algo no marchaba bien la dieron la caída de los mercados de commodities y el Calendario Zaragozano que se fue a rojo. Cuando el entrecot de wombat desapareció de los lineales de refrigerados de Wal Mart y la cotización de la espaldilla de mono lechal se hundió a niveles de bono basura en Mercamadrid, comenzó la pesadilla.Una tarde de agosto, mientras se preguntaba el porqué su logopeda le había recomendado dormir arropado con un edredón de plumas de papagayo, el presidente Rajoy recibió una notificación del CNI para que interrumpiera sus vacaciones en Sanjenjo y regresara urgentemente a Madrid. Al llegar, y sin haberse quitado todavía el bañador, encontró sobre la mesa de su despacho un voluminoso informe acompañado de un dossier fotográfico. En él se ponía de manifiesto, que existía una colonia de republicanos españoles lectores del ABC en el planeta Trempar.La sonda espacial Islero había detectado, con la óptica de una Werlisa Color entre la Vía Láctea y el Quinto Coño (The Fifth Dimension) al planeta Trempar. Se trataba al parecer de un proyecto del PSOE, de tiempos de Zapatero, para ofrecer una salida digna tanto a los jóvenes que no encontraban trabajo como recolocar a los millones de parados nacionales. Era, evidentemente, una mistificación, una más, de la realidad. Hasta la fecha tan sólo habían conseguido inaugurar cinco casas regionales e izar una bandera republicana que ondeaba en una pica situada, a modo de miliario, en el lindero del camino que conducía a una plantación de calçots y a las minas de permanganato potásico. Sin haberse recuperado de la sorpresa, encendió un puro y llamó al responsable del servicio.Mientras esto sucedía en Madrid, en el apostadero naval de Fernando Poo – ahora Bioko-, estaba destinado Gumersindo de Alzate, agente secreto de la propiedad inmobiliaria con licencia para edificar, (una de las ramas del Mº de Fomento) con la importantísima misión de averiguar cómo se podría eliminar de una manera eficaz, el molesto zumbido de los mosquitos que tanto daño hacía al turismo de costa español importunando las siestas. No debemos olvidar, la historia hará justicia, que el tema “Con su blanca palidez” se le ocurrió a un médico español, aficionado al gospel, al contemplar en urgencias el impacto de un shock anafiláctico en una turista inglesa a quien había picado un mosquito desahuciado: la tarareó mientras colocaba un urbasón en vena y acertó a pasar por allí Keith Reid, quien estaba trabajando, en aquellos años, como animador en un hotel de Benidorm.Llevaba allí Alzate, desde los tiempos de Carrero y no se le había podido repatriar por falta de presupuesto y, además, por el rumor que acompañaba al espía español, de quien se decía que había que evitar porque hasta su sombra era venenosa. Para una reflexión más serena de tales asuntos, el presidente se retiró al interior de su despacho y, mientras hacía tiempo para la siesta, se puso a jugar un solitario con los números primos. Hombre hecho a sí mismo, combatía las hemorroides con baños de asiento en un bidé lleno de ginebra pues tenía el convencimiento, que para aliviar el dolor mejor que la cirugía era emborracharlas; se lo había contado el dueño de las bodegas Pintado durante una visita, asegurándole que él mismo combatía cualquier dolor sumergido de cintura para abajo en una barrica de brandy. Sumido en estas disquisiciones se le hizo la hora de la merienda y el tiempo para ver su serie favorita: Anatomía de Brey.

DEL RESPETO CONSTITUCIONAL

Aquellos días en que cotizaba al alza el caos, antes de la soledad del toque de oración, uno de los gatos cartagineses que heredamos de cuando Aníbal, dormitaba al pie del mástil de la bandera.
Mientras, en las ramas de los árboles del patio de armas, donde reposan todos los secretos, el piar nihilista y alegre de los pájaros acunaba aquel sueño y anunciaba el fin de la tarde.

Pisaba firme el piquete vespertino de la guardia cuando se alineó frente a la bandera poniendo fin al ruido de voces, risas y murmullos. Antes de que vibrara la primera nota, el gato, oyendo la voz de “a la bandera, presenten armas” despertó de su sueño imperial, y, tras desperezarse, fue maullando a formar con el piquete. Como un soldado más. En el momento en que sonó el toque de oración, los pájaros se convirtieron en avalistas del silencio.

Terminado el acto, el gato abandonó la formación y volvió a sus sueños infinitesimales y los pájaros a la sinceridad de sus trinos. Y sucedió que la diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario fue aquella voz de mando que convirtió la presencia de un gato en la metáfora del respeto. Respeto, un gato. Hace muchos años.

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SÁNCHEZ EN LA PAZ

La primera vez que oí que la pandemia no era sino una crisis del Antropoceno y una oportunidad para las sociedades imaginadas, me costó estructurar esa reflexión. Hasta hoy.

Un hombre de traje vacilón se baja de un coche y camina hacia la puerta del hospital de La Paz con una idea fija en la cabeza: salvar su reputación. Lleva una corbata que, como diría Wilde, sólo un sordo podría lucir impunemente y una escolta con coleta. De cuota. Y entonces he comprendido, de repente, en qué consiste el autoritarismo digital, la paranoia supervivencialista y las estrategias oportunistas. De su presencia en el centro hospitalario, se deducen dos cosas: que Sánchez es un ultimátum de la naturaleza y que al efecto mariposa se le ha ido la mano. Habrá que reformular obligatoriamente la teoría del caos.

Me ha recordado a W. C. Fields aquel cómico y malabarista quien estando hospitalizado, a las puertas de la muerte, fue sorprendido por un amigo leyendo la Biblia. Cuando le preguntó por qué la leía si era ateo, Fields respondió: “Estoy buscando coartadas”.

Cuentan que dentro del hospital el abucheo de los sanitarios ha sido mas fuerte que en la calle, aunque de eso no hay imágenes.

…………………….

Y de la hemeroteca, (2013) traigo otro de Jachuspa especialmente dedicado a Viejecita;

Crónicas vitorianas.

Hay cosas que suceden sólo una vez en la vida: que te abandone tu mujer un fin de semana largo para irse con su tía, siete horas de conversación con Parmenio and wife y con Thompson and Thomson (a quien vestimos con chaqueta, camisa, corbata y gorra), ver hacer una foto a Albatross – a quien no veo ningún futuro en el cine porno- y luego, otras tantas horas de canapeses, croquetas, tigres y – ¡por Dios, que no falten nunca!- las anchoas de Karlwind, que me retrotrajeron a mi infancia cuando, todos los primeros viernes de mes –tras comulgar-, las comía en un bocata como el que me hice ayer sin ningún pudor.
Obligado por el mando a distancia (mi mujer y mi hija) tenía obligación de fichar periódicamente, cuestión que pude eludir gracias al Capitán que controla hábilmente el espectro radioeléctrico y, para evitar distracciones, impide las comunicaciones telefónicas y las vis a vis.
Yo no tengo la memoria del Patrón, Tumbaollas y Viejecita, a quien ya dije que debería cambiar el nick porque no le hace justicia, pero aunque charlé con todo el mundo a veces me equivocaba, por ello he propuesto a la Superioridad que para la próxima cita multitudinaria llevemos unas pegatinas adhesivas donde poder escribir el nombre de cada cual para poder, al estilo mormón, ir de dos en dos: el elder y el neófito.
Antes de terminar un beso muy fuerte para Carmen y Max. Muchas gracias, nuevamente al Patrón, Capitán y señora, y a todos ustedes. D Fernando, deseo que está pesadilla acabe pronto y, como le dije hace tiempo, el que se ríe el último se descojona.

INDULTOS

Si es usted analfabeto, quizá esto le interese. A veces, a los payasos, cuando nos reunimos para soñar, nos da por comer torreznos mientras hacemos dedos con la guitarra acústica y tocamos canciones de los Beatles apoyados en unas manos con callos de chantilly. Cada acorde es un Vietnam.

Los viales del pensamiento decadente, vacilante y errático, sólo se venden en el Octopuss Garden, cercano al pecio del Yellow Submarine, donde no se conoce la tristeza. El eco de la música resucita las viejas promesas lanzadas al aire que regresan envueltas en la pobreza de una gloria pasteurizada. All you need is love y yo sólo tengo miedo en las manos, nervios de puta, orgasmos a escote y el misterio del infinito que dobla mi espalda en ese lugar donde se hacen realidad los espejismos.

Pasamos del estriptís de la baba y el bótox sinfónico, al We can work it out mientras llueve y bailan contentos los semáforos su monótona y desnuda luz redonda verde-naranja-roja. Y va pasando la vida entre la nada de Nowhere man, con la añoranza anidando su sonrisa en los árboles.

En otoño vuelve otra vez el caldo verde a los maitines del Edén. Es el incienso místico conmemorativo de aquellos idus de marzo, que dieron paso a una drôle de guerre convertida en un infame naufragar en la brisca de la vida. Que adelantó el invierno a muchas personas, cuyo único pecado era pasear su luto portátil por el archipiélago del dolor. Across the Universe cantaban los ciegos en braille, convertido en un fado triste de morfina y olvido, mientras la muerte entraba por el escaparate de la ventana y vaciaba de secretos el corazón. Ahora ya pueden soñar sin ayuda. Back in the USSR, ese es nuestro futuro.

SALIMOS MEJORESEn el horizonte intelectual de la España de los 60, al PSOE, que no pudo traer el marxismo y se tuvo que conformar con leer de tapadillo “El asalto a la razón” – también conocido como “el evangelio según san Lukács”– le quedó encomendado la tarea de traernos la modernidad. Nada hay más cruel que el optimismo.

El caligrama socialdemócrata español circulaba por la historia con la sonrisa de un cajero automático y el mismo protagonismo que Louis de Funes en el movimiento de la nouvelle vague. Todo muy roussoniano, en esa línea vanguardista del aquí te pillo aquí me harto que popularizó Carpanta.

Pasados casi cuarenta años de aquel “A España no la va a conocer ni la madre que la parió” –Guerra dixit-. el parto fue Zapatero, Sánchez, la cuotaparte e incorporar a las fiestas patrias del folklore urbano, la media maratón; es decir, copiaron el modelo lúdico de Felipe IV aquel que ordenó crear el Retiro porque le parecía que las misas y el adulterio no eran entretenimiento suficiente.

Se les fue la mano en la cocina y cuando quisieron hacerse perdonar los pecados tácticos, aparecieron, entre otras cosas, algunas pokémons-cuota vestidas del color del tampón del orgasmo de una payasa, que fueron castigadas a tocarle los cojones al toro de Osborne. Previamente, como en el verso de Juan Manuel Bonet, “le torcieron el cuello al cisne” y de la licuefacción resultante aparecieron en el espectro las minor politics y de su exudado, el populismo.

Del populismo nació Podemos donde pronto se hizo carne el principio de que como la prosperidad finisecular no iba ser eterna, había que aplicarse con fruición a la construcción de una sociedad condenada. El gasto, el exceso, la necesidad de sorpresas y el regusto por la traición, en todas sus formas, fueron su ADN. Incluso, se dieron un líder fetichista con principios: un hombre, un coño, una pala de pescado, un frac. ¿Y doncellas? Sólo lo saben Dios y ellas. Fantasías controladas. Lo decía Karl Kraus, “El fetichista es el ser más infeliz de este mundo, porque desea una zapatilla de mujer y tiene que contentarse con la mujer entera”.

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LA VIDA SIGUE IGUAL

Creo que fue Cioran quien dijo que el romanticismo inglés fue una acertada mezcla de láudano, exilio y tisis; y el alemán, de alcohol, provincia y suicidio. En España, a nuestros románticos, les dio por el ocio nocturno de las necrópolis y el estudio melancólico de las ruinas. Claro que, en Estados Unidos, resultó mucho peor y pasaron de Walt Whitman a Walt Disney. Siglo y medio después, aquí seguimos todavía como si no hubiésemos encontrado, en esta arqueología del pensamiento, el tono aleve y ajustado de la decepción.

Vuelve de las vacaciones un gobierno por fascículos y con ellos el memorial de agravios. De las marismas de Doñana aterriza el carraspeo de Nosferatu. Es Sánchez, un hombre que se siente alicaído si alguien no le llama doctor. Se mira en el espejo saboreando el éxtasis y tan sólo le falta teñirse de rubio como el ruso de Rocky, aquel a quien se le ocurrió echar meao de mono al gin tonic para dar consistencia al diente de dragón.

Hay que estar preparado para todo; incluso a olvidar nuevamente el tradicional sexo empírico y volver al ortopédico. Cuando la revolución se hace aburrida, entra en acción el escalafón de los acróbatas suicidas. De hecho, en Génova 13, en medio de una nube tóxica de culpa y basura, ya se han puesto manos a las sobras.

Recordemos que los griegos, y después los romanos, se anticipaban con previsión a todos los excesos de la vida colocándose, entre otras cosas, una corona de perejil. Ahora hubieran añadido un kit con hidrogel y mascarilla. Con el avance del virus, cada vez queda menos para convertirnos en vegetales y poder cerrar, definitivamente, este breviario de la duda.

Irene
A veces resulta difícil, incluso penoso, hablar de las groupies. Principalmente del desgaste de su economía psíquica, porque este posado no responde sino a una interiorización de un sentimiento de inferioridad genealógica: un marquesado por linaje frente a una hidalguía de bragueta. Claro que, la cosa viene de lejos. De aquella foto grupal de las conejitas de ZP que convirtieron La Moncloa en una mansión de Play Boy y al presidente en el Hugh Hefner del Barrio Húmedo.

Ayer, algunas amigas hablaban de la elegancia. La presentaban como algo que se tiene o no se tiene. Lamento discrepar, tal vez equivocadamente. Lo único innato en las personas -independientemente de su posición social- es el buen o mal gusto del que la elegancia sería, desde mi punto de vista, su plasmación material. Irene que desconoce la técnica más elemental para combinar los complementos, tan sólo es una mujer que huele a cuernos y a Chanel nº 5.

Es el reposo del guerrero de un paleto que quiere pasar por bohemio, que habla igual que Manolo García canta kumbayá: como un gato follando, y a quien le gustan las mujeres expertas en la presa de Cleopatra. Y eso que el agit prop trata de presentárnoslo como si fuera más virgen que López Rodó. Se ha dedicado a la política porque, como dijo alguien, de haber sido una mantis macho moriría de viejo.

En estos tiempos de catástrofe, tenemos a un vicepresidente viendo series en la televisión y a su pareja posando para el folleto de ofertas del Carrefour. ¡ Y pensar que hubo un tiempo en que el objeto más olvidado en los meublés era el devocionario! Paco Nieva en su versión de La Paz de Aristófanes lo clavaba: “A los dioses siempre les ha atraído mucho la bisutería”.

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LA SOMBRA DEL SILENCIO

Hubo un tiempo en el que había verdaderas ganas de vivir. Yo lo conocí cuando era chico – y tenía paciencia- mientras asistía con ilusión al velatorio del pasado. Después murió Franco y muchos vivos se volvieron a quedar solos en cuanto abrieron las puertas de los colegios electorales. Pensaron, en su razón, que ese era el lugar por donde se escapaban los capitales blasonados. Pero no sucedió nada. Llevados por su responsabilidad ante la Historia, algunos padres de la patria se suicidaron y tampoco sucedió nada. Ni al romanticismo ni a las purgaciones. Y aparecieron las burbujas de todo tipo, las locas y las petardas con polillas en el alma. Fue cuando los flojos y tristes pidieron dejar de hacer la mili y las calles se llenaron todos los festivos con el “día de la bicicleta”. Y comenzamos a pedalear.

Años después, cuando despedíamos nuestra juventud y nos aburrimos de hacer pronósticos meteorológicos con la Historia, se nos antojó decorar el piso piloto de la Transición con un comunismo barato. Tuvimos que ir a comprarlo a los chinos. Nuestra épica pedía gente apasionada con la ley de Lynch, de Makarova fácil, perfil rural, Lubiankas con biblioteca y gulags de secano. Lo único que nos ofreció el mercado fue a unos cobardes de manual y la historia oral de las deposiciones de semen nervioso – como si fueran un donativo- de un Faruk de medio pelo con una tarasca de ojos de mapache, mirada ergonómica y sonrisa de esfinge. Pero hubo las mismas tardes, en otoños pasados, con otros caniches proletarios ataviados con guantes de Varadé, cuyas sonrisas circulaban por todos los retretes públicos del secreto. Y es que, aunque sea una equivocación del orden y de la armonía, siempre hay algunos hombres que son insaciables y podrían pasarse un mes mirando un coño – o Netflix- sin apartar los ojos.

Y llegó la modernidad que nos brindaban estos piratas del declive e inteligencia contenida: era una epifanía del barroco, un victorianismo rancio, con trapecistas rusos, que predicaba el ascetismo a los recién salidos de cualquier comedor de beneficencia. Fue cuando nos comenzaron a gobernar los barítonos de la igualdad carmesí y la cosecha de patriotas LGTBI. Un gobierno de muñecas y silencio.

Jachuspa.

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